domingo, 26 de junio de 2011

Odio los Domingos.

Tous les jours de la semaine
Sont vides et sonnent le creux
Bien pire que la semaine
Y a le dimanche prétentieux
Qui veut paraître rose
Et jouer les généreux
Le dimanche qui s'impose
Comme un jour bienheureux

Je hais les dimanches !
Je hais les dimanches !

Dans la rue y a la foule
Des millions de passants
Cette foule qui coule
D'un air indifférent
Cette foule qui marche
Comme à un enterrement
L'enterrement d'un dimanche
Qui est mort depuis longtemps.

Je hais les dimanches !
Je hais les dimanches !

Tu travailles toute la semaine et le dimanche aussi
C'est peut-être pour ça que je suis de parti-pris
Chéri, si simplement tu étais près de moi
Je serais prête à aimer tout ce que je n'aime pas.

Les dimanches de printemps
Tout flanqués de soleil
Qui effacent en brillant
Les soucis de la veille
Dimanche plein de ciel bleu
Et de rires d'enfants
De promenades d'amoureux
Aux timides serments

Et de fleurs aux branches
Et de fleurs aux branches

Et parmi la cohue
Des gens, qui, sans se presser,
Vont à travers les rues
Nous irions nous glisser
Tous deux, main dans la main
Sans chercher à savoir
Ce qu'il y aura demain
N'ayant pour tout espoir

Que d'autres dimanches
Que d'autres dimanches

Et tous les honnêtes gens
Que l'on dit bien-pensants
Et ceux qui ne le sont pas
Et qui veulent qu'on le croie
Et qui vont à l'église
Parce que c'est la coutume
Qui changent de chemise
Et mettent un beau costume
Ceux qui dorment vingt heures
Car rien ne les en empêche
Ceux qui se lèvent de bonne heure
Pour aller à la pêche
Ceux pour qui c'est le jour
D'aller au cimetière
Et ceux qui font l'amour
Parce qu'ils n'ont rien à faire
Envieraient notre bonheur
Tout comme j'envie le leur
D'avoir des dimanches
De croire aux dimanches
D'aimer les dimanches
Quand je hais les dimanches ...


sábado, 25 de junio de 2011

La película bizarrísima de Ellen Page.

 
"After his wife (Liv Tyler) leaves him for a drug dealer (Kevin Bacon), a frustrated husband (Rainn Wilson) decides he will win her back as Crimson Bolt, a costumed vigilante armed with a monkey wrench. His actions bring him an admirer, an overeager comic store clerk (Ellen Page) who wants to be his sidekick"
 

martes, 7 de junio de 2011

Las hojas secas... sólo pueden caer.

LAS HOJAS SECAS

El sol se había puesto. Las nubes, que cruzaban hechas jirones sobre mi cabeza, iban a amontonarse unas sobre otras en el horizonte lejano. El viento frío de las tardes de otoño arremolinaba las hojas secas a mis pies.
Yo estaba sentado al borde de un camino por donde siempre vuelven menos de los que van.
No sé en qué pensaba, si en efecto pensaba entonces en alguna cosa. Mi alma temblaba a punto de lanzarse al espacio, como el pájaro tiembla y agita ligeramente las alas antes de levantar el vuelo.
Hay momentos en que, merced a una serie de abstracciones, el espíritu se sustrae a cuanto le rodea y, repleglándose en sí mismo, analiza y comprende todos los misteriosos fenómenos de la vida interna del hombre.
Hay otros en que se desliga de la carne, pierde su personalidad y se confunde con los elementos de la naturaleza, se relaciona con su modo de ser y traduce su incomprensible lenguaje. Yo me hallaba en uno de esos últimos momentos, cuando sólo y en medio de la escueta llanura oí hablar cerca de mí.
Eran dos hojas secas las que hablaban y éste, poco más o menos, su extraño diálogo:
-¿De dónde vienes, hermana?
-Vengo de rodar con el torbellino, envuelta en la nube de polvo y de las hojas secas, nuestras compañeras, a lo largo de la interminable llanura. ¿Y tú?
-Yo he seguido algún tiempo la corriente del río hasta que el vendaval me arrancó de entre el légamo y los juncos de la orilla.
-¿Y adónde vas?
-No lo sé. ¿Lo sabe acaso el viento que me empuja?
-¡Ay! ¿Quién diría que habíamos de acabar amarillas y secas, arrastrándonos por la tierra, nosotras, que vivimos vestidas de color y de luz, meciéndonos en el aire?
-¿Te acuerdas de los hermosos días en que brotamos, de aquella apacible mañana en que, roto el hinchado botón que nos servía de cuna, nos desplegamos, al templado beso del sol, como un abanico de esmeraldas?
-¡Oh! ¡Qué dulce era sentirse balanceada por la brisa a aquella altura, bebiendo por todos los poros al aire y la luz!
-¡Oh! ¡Qué hermoso era ver correr el agua del río que lamía las retorcidas raíces del añoso tronco que nos sustentaba, aquel agua limpia y transparente que copiaba como un espejo el azul del cielo, de modo que creíamos vivir suspendidas entre dos abismos azules!
-¡Con qué placer nos asomábamos por cima de las verdes frondas para vernos retratadas en la temblorosa corriente!
-¡Cómo cantábamos juntas imitando el rumor de la brisa y siguiendo el ritmo de las ondas!
-Los insectos, brillantes, revoloteaban, desplegando sus alas de gasa, a nuestro alrededor.
-Y las mariposas blancas y las libélulas azules que giran por el aire en extraños círculos, se
paraban un momento en nuestros dentellados bordes a contarse los secretos de ese misterioso amor que dura un instante y les consume la vida.
-Cada cual de nosotras era una nota en el concierto de los bosques.
-Cada cual de nosotras era un tono en la armonía de su color.
-En las noches de luna, cuando su plateada luz resbalaba sobre la cima de los montes, ¿te acuerdas cómo charlábamos en vez baja entre las diáfanas sombras?
-Y referíamos con un blando susurro las historias de los silfos que se columpian en los hilos de oro que cuelgan las arañas entre los árboles.
.Hasta que suspendíamos nuestra monótona charla para oír embebecidas las quejas del ruiseñor, que había escogido nuestro tronco por escabel.
-Y eran tan tristes y tan suaves sus lamentos, que, aunque llenas de gozo al oírle, nos amanecía llorando.
-¡Oh! ¡Qué dulces eran aquellas lágrimas que nos prestaba el rocío de la noche y que
resplandecían con todos los colores del iris a la primera luz de la aurora!
-Después vino la alegre banda de jilgueros a llenar de vida y de ruidos el bosque con la alborotada y confusa algarabía de sus cantos.
-Y una enamorada pareja colgó junto a nosotros su redondo nido de aristas y de plumas.
-Nosotras servíamos de abrigo a los pequeñuelos contra las molestas gotas de la lluvia en las tempestades de verano
-Nosotras les servíamos de dosel y los defendíamos de los importunos rayos del sol.
-Nuestra vida pasaba, como un sueño de oro, del que no sospechábamos que se podría despertar.
-Una hermosa tarde en que todo parecía sonreír a nuestro alrededor, en que el sol poniente encendía el ocaso y arrebolaba las nubes, y de la tierra ligeramente húmeda se levantaban efluvios de vida y perfumes de flores, dos amantes se detuvieron a la orilla del agua y al pie del
tronco que nos sostenía.
-¡Nunca se borrará ese recuerdo de mi memoria! Ella era joven, casi; una niña, hermosa y pálida. Él le decía con ternura: «¿Por qué lloras?». «Perdona este involuntario sentimiento de
egoísmo -le respondió ella, enjugándose una lágrima-. Lloro por mí. Lloro la vida que me huye.
Cuando el cielo se corona de rayos de luz, y la tierra se viste de verdura y de flores, y el viento trae perfumes y cantos de pájaros y armonías distantes, y se ama y se siente una amada, ¡la vida
es buena!» «¿Y por qué no has de vivir?», insistió él, estrechándole las manos conmovido.
«Porque es imposible. Cuando caigan secas esas hojas que murmuran armoniosas sobre nuestras cabezas, yo moriré también y el viento llevará algún día su polvo y el mío, ¿quién sabe
adónde?» Yo lo oí y tú lo oíste, y nos estremecimos y callamos. ¡Debíamos secarnos!
¡Debíamos morir y girar arrastradas por los remolinos del viento! Mudas y llenas de terror permanecíamos aún cuando llegó la noche. ¡Oh! ¡Qué noche tan horrible!
-Por la primera vez faltó a su cita el enamorado ruiseñor que la encantaba con sus quejas.
-A poco volaron los pájaros y con ellos sus pequeñuelos, ya vestidos de plumas. Y quedó el
nido solo, columpiándose lentamente y triste como la cuna vacía de un niño muerto.
-Y huyeron las mariposas blancas y las libélulas azules, dejando su lugar a los insectos oscuros que venían a roer nuestras fibras y a depositar en nuestro seno sus asquerosas larvas.
-¡Oh! ¡Y cómo nos estremecíamos encogidas al helado contacto de las escarchas de la noche!
-Perdimos el color y la frescura.
-Perdimos la suavidad y la forma y lo que antes, al tocarnos, era como un rumor de besos, como murmullo de palabras de enamorados, luego se convirtió en áspero ruido, seco, desagradable y triste.
-¡Y al fin volamos desprendidas!
-Hollada bajo el pie del indiferente pasajero, sin cesar arrastrada de un punto a otro entre el polvo y el fango, me he juzgado dichosa cuando podía reposar un instante en el profundo surco de un camino.
-Yo he dado vueltas sin cesar, arrastrada por la turbia corriente, y en mi larga peregrinación vi solo, enlutado y sombrío, contemplando con un mirada distraída las aguas que pasaban y las hojas secas que marcaban su movimiento, a uno de los dos amantes cuyas palabras nos hicieron presentir la muerte.
-¡Ella también se desprendió de la vida y acaso dormirá en una fosa reciente, sobre la que yo me detuve un momento!
-¡Ay! Ella duerme y reposa, al fin; pero nosotras, ¿cuándo acabaremos este largo viaje...?
-¡Nunca...! Ya el viento que nos dejó reposar un punto vuelve a soplar, y ya me siento
estremecida para levantarme de la tierra y seguir con él. ¡Adiós, hermana!
-Adiós!

Gustavo Adolfo Bécquer. Las Hojas secas. 


lunes, 30 de mayo de 2011

Ein Bettler Rothaarige.

Blanca muchacha de los cabellos rojizos,
Cuyo vestido por los agujeros
Deja ver la pobreza
Y la belleza,

Para mí, poeta enclenque,
Tu joven cuerpo enfermizo,
Lleno de pecas,
Tiene su dulzura.

Tú llevas más galantemente
Que una reina de romance
Sus coturnos de terciopelo
Tus zuecos burdos.

En lugar de un harapo muy corto,
Un soberbio traje de corte
Arrastra con pliegues rumorosos y largos
Sobre tus talones;

En lugar de medias agujereadas,
Para los ojos taimados
Sobre tu pierna un puñal de oro
Reluce todavía;

Nudos mal ajustados
Desnudan para nuestros pecados
Tus dos hermosos senos, radiantes
Como dos ojos;

Que para desnudarte
Tus brazos se hacen rogar
Y expulsan con golpes vivaces
Los dedos traviesos,

Perlas del más bello oriente,
Sonetos del maestro Belleau
Por tus galantes engrillados
Sin cesar ofrecidos

Chusma de rimadores
Dedicándote sus primores
Y contemplando tu zapato
Bajo la escalera,

Más de un paje enamorado del azar,
Más que un señor y más que un Ronsard
¡Espiaban por diversión
Tu fresco escondrijo!

Tú contabas en tus lechos
Más besos que lises
Y ordenabas bajo tus leyes
¡Más de un Valois!

—Empero tú vas mendigando
Algún viejo mendrugo yaciendo
En el umbral de cualquier Véfour
De la encrucijada;

Tú vas curioseando por debajo
Joyas de veintinueve sueldos
Que yo no puedo, ¡oh, perdón!
Regalarte.

¡Ve, pues, sin otro adorno,
Perfumes, perlas, diamante,
Que tu magra desnudez!
¡Oh, mi belleza! 



 

lunes, 9 de mayo de 2011

A la basura!

El pequeño escrito que voy a presentaros ahora no es mío. Se trata de un breve resumen del día de un hombre cualquiera en período de baja laboral. La información que os he expuesto la he sacado de: “La inteligencia de las emociones” es el nombre de un blog al que sigo y donde lo leí hace apenas unos días. Lo que expresan las palabras del autor me ha parecido mortalmente ingenioso, él ha deseado retratarnos un día sin hacer absolutamente nada en casa y haciéndolo todo a la vez. Durante la primera vez que le eché un vistazo, el texto me llevó a una gran reflexión sobre nuestras formas de vida habituales.
¡Espero que haga el mismo efecto en todos vosotros!

Imaginemos sólo por un momento que estamos de baja por haber contraído una enfermedad y que no podemos acudir al trabajo durante unas semanas. No importa, eso no tiene por qué afectar a nuestra actividad laboral. Nos levantamos de la cama, abrimos la ventana de nuestra habitación, conectamos el portátil y nos duchamos mientras arranca. Tostamos un par de rebanadas de pan de molde, las untamos de mantequilla y las mojamos en nuestro primer café del día mientras observamos lo que ha sucedido “en el mundo”. Eso podemos hacerlo clicando tan solo tres iconos de nuestro escritorio: Outlook, el explorador que usemos habitualmente y TweetDeck.
Nuestro periódico digital nos pone al día de lo que conviene enterarnos a cada poco y podremos actualizar la primera página siempre que nos apetezca. Una vez informados y desayunados, nos ponemos a trabajar.
A través de Outlook vemos nuestra agenda para la jornada y recibimos los correos electrónicos, basurilla incluida.
TwettDeck hará el resto. A través de esa aplicación habremos sincronizado nuestras listas de Twitter, de Facebook y de Linkedin y antes de que se haya enfriado el café estamos al tanto de todo lo que nos interesa saber qué ha pasado y no se ha publicado en un periódico.
A continuación, activamos
Skype y nos ponemos en contacto con todos aquellos con los que queremos comunicarnos en el mundo. Ojo con los husos horarios, eso sí. Si ya estamos presentables a esa hora, incluso podemos mostrarnos a través de la webcam mientras departimos con ellos.
Los documentos de trabajo están en “la nube” y no ocupan espacio en nuestro disco duro, así que no tenemos que preocuparnos de que la aplicación se quede colgada. De un vistazo a
google docs vemos las modificaciones que han realizado nuestros colaboradores respecto a la última versión de los documentos, aprobamos los cambios, hacemos nuevas preguntas, aportamos sugerencias y cuando lo demos por bueno mandamos un correo electrónico a nuestra secretaria para que lo distribuya a sus destinatarios.Spotify puede facilitarnos la banda sonora de la jornada. A eso de media mañana podemos tomarnos un descanso y saborear una nueva taza de café mientras accedemos a TED para ver y escuchar una presentación brillante e incluso subtitulada en español sobre algún tema innovador e interesante y luego podemos distribuir el enlace a nuestra lista de contactos correspondiente o tuitearla al instante.
A eso de las doce, podemos celebrar la reunión con todo nuestro equipo mediante videoconferencia vía internet. Ahí tenemos varias opciones tecnológicas, pero tal vez utilicemos una versión beta de una nueva aplicación corporativa que estemos ensayando. Eso no debe llevarnos más de media hora o cuarenta y cinco minutos a lo sumo si la agenda es demasiado densa. Después podemos dedicarnos un rato a ver qué sucede en Twitter empezando por los mensajes directos que hayamos recibido, las menciones que se haya hecho sobre nosotros o nuestra empresa, los
hashtag que hayamos seleccionado ese día, las listas de siguiendo que hayamos definido, etc. En base a esa información podremos acceder a conocimiento distribuido que de otra forma sería complejo siquiera conocer de su existencia y mucho menos saber que está disponible. Otros han hecho su selección y la han puesto a nuestra disposición y lo mismo hacemos cuando cazamos algún tema interesante. Aquí el quid pro quo es imprescindible y el ROI siempre favorable, porque son muchos los que buscan y ofrecen aunque a cambio haya que hacer lo mismo.
El resto de tiempo hasta la hora del almuerzo podemos dedicarlo a lo más importante pero no urgente, quizá la elaboración de un informe, recabar datos para un estudio, preparar un powerpoint para la reunión del jueves a la que te hubiera interesado asistir pero no puede ser, así que tendrás que hacer tu intervención vía Internet, etc.
La hora de la comida es sagrada, así que conviene dejar hibernando el portátil.
Al regreso, vuelta a realizar el barrido de información igual que hiciste por la mañana pero en menos tiempo. Es la hora de escribir los e-mails atrasados, volver sobre nuestros informes a medias, urgir a algún miembro de nuestro equipo de proyecto que va algo retrasado con la fecha de entrega, volver a hacer una ronda de llamadas por Skype y quizá tomar una nueva taza de café o una infusión con un par de galletas.
Hacia las seis de la tarde y cuando la concentración empieza a decaer, es cuestión de ir cerrando algunas ventanas y abrir otras. Ya vale de música, ya hemos hablado lo suficiente por teléfono vía Skype y los
googledocs ya no logran mantener nuestra concentración. Ahora es el momento de volver a echar un vistazo a los retweets y pensar un poco en nuestra próxima entrada del blog o contestar los comentarios que nuestros seguidores han dejado en él. Además de visitar los suyos, claro. Eso también lleva su tiempo y no paras de repetirte que más vale calidad que cantidad, pero es un precio que hay que pagar por aprender algo.
Cuando termines la jornada, puedes establecer la agenda para los días siguientes y apagar tu ordenador. Eso sí, aún es posible que recuerdes que se te ha olvidado mandar un último e-mail o anotar algo en tu agenda. Si por casualidad has apagado el portátil habrá que volver a conectarlo porque si no los remordimientos te impiden concentrarte en nada más. Claro que también puedes hacer eso a través de tu teléfono móvil.
Luego, hacer algo de vida familiar, cenar, ver la teleserie de turno y acostarte a una hora razonable.
Seguramente habrá sido un día increíblemente rico en productividad y relaciones sociales aunque no hayas visto a nadie en persona. 



 

Lanzarse.