lunes, 30 de mayo de 2011

Ein Bettler Rothaarige.

Blanca muchacha de los cabellos rojizos,
Cuyo vestido por los agujeros
Deja ver la pobreza
Y la belleza,

Para mí, poeta enclenque,
Tu joven cuerpo enfermizo,
Lleno de pecas,
Tiene su dulzura.

Tú llevas más galantemente
Que una reina de romance
Sus coturnos de terciopelo
Tus zuecos burdos.

En lugar de un harapo muy corto,
Un soberbio traje de corte
Arrastra con pliegues rumorosos y largos
Sobre tus talones;

En lugar de medias agujereadas,
Para los ojos taimados
Sobre tu pierna un puñal de oro
Reluce todavía;

Nudos mal ajustados
Desnudan para nuestros pecados
Tus dos hermosos senos, radiantes
Como dos ojos;

Que para desnudarte
Tus brazos se hacen rogar
Y expulsan con golpes vivaces
Los dedos traviesos,

Perlas del más bello oriente,
Sonetos del maestro Belleau
Por tus galantes engrillados
Sin cesar ofrecidos

Chusma de rimadores
Dedicándote sus primores
Y contemplando tu zapato
Bajo la escalera,

Más de un paje enamorado del azar,
Más que un señor y más que un Ronsard
¡Espiaban por diversión
Tu fresco escondrijo!

Tú contabas en tus lechos
Más besos que lises
Y ordenabas bajo tus leyes
¡Más de un Valois!

—Empero tú vas mendigando
Algún viejo mendrugo yaciendo
En el umbral de cualquier Véfour
De la encrucijada;

Tú vas curioseando por debajo
Joyas de veintinueve sueldos
Que yo no puedo, ¡oh, perdón!
Regalarte.

¡Ve, pues, sin otro adorno,
Perfumes, perlas, diamante,
Que tu magra desnudez!
¡Oh, mi belleza! 



 

lunes, 9 de mayo de 2011

A la basura!

El pequeño escrito que voy a presentaros ahora no es mío. Se trata de un breve resumen del día de un hombre cualquiera en período de baja laboral. La información que os he expuesto la he sacado de: “La inteligencia de las emociones” es el nombre de un blog al que sigo y donde lo leí hace apenas unos días. Lo que expresan las palabras del autor me ha parecido mortalmente ingenioso, él ha deseado retratarnos un día sin hacer absolutamente nada en casa y haciéndolo todo a la vez. Durante la primera vez que le eché un vistazo, el texto me llevó a una gran reflexión sobre nuestras formas de vida habituales.
¡Espero que haga el mismo efecto en todos vosotros!

Imaginemos sólo por un momento que estamos de baja por haber contraído una enfermedad y que no podemos acudir al trabajo durante unas semanas. No importa, eso no tiene por qué afectar a nuestra actividad laboral. Nos levantamos de la cama, abrimos la ventana de nuestra habitación, conectamos el portátil y nos duchamos mientras arranca. Tostamos un par de rebanadas de pan de molde, las untamos de mantequilla y las mojamos en nuestro primer café del día mientras observamos lo que ha sucedido “en el mundo”. Eso podemos hacerlo clicando tan solo tres iconos de nuestro escritorio: Outlook, el explorador que usemos habitualmente y TweetDeck.
Nuestro periódico digital nos pone al día de lo que conviene enterarnos a cada poco y podremos actualizar la primera página siempre que nos apetezca. Una vez informados y desayunados, nos ponemos a trabajar.
A través de Outlook vemos nuestra agenda para la jornada y recibimos los correos electrónicos, basurilla incluida.
TwettDeck hará el resto. A través de esa aplicación habremos sincronizado nuestras listas de Twitter, de Facebook y de Linkedin y antes de que se haya enfriado el café estamos al tanto de todo lo que nos interesa saber qué ha pasado y no se ha publicado en un periódico.
A continuación, activamos
Skype y nos ponemos en contacto con todos aquellos con los que queremos comunicarnos en el mundo. Ojo con los husos horarios, eso sí. Si ya estamos presentables a esa hora, incluso podemos mostrarnos a través de la webcam mientras departimos con ellos.
Los documentos de trabajo están en “la nube” y no ocupan espacio en nuestro disco duro, así que no tenemos que preocuparnos de que la aplicación se quede colgada. De un vistazo a
google docs vemos las modificaciones que han realizado nuestros colaboradores respecto a la última versión de los documentos, aprobamos los cambios, hacemos nuevas preguntas, aportamos sugerencias y cuando lo demos por bueno mandamos un correo electrónico a nuestra secretaria para que lo distribuya a sus destinatarios.Spotify puede facilitarnos la banda sonora de la jornada. A eso de media mañana podemos tomarnos un descanso y saborear una nueva taza de café mientras accedemos a TED para ver y escuchar una presentación brillante e incluso subtitulada en español sobre algún tema innovador e interesante y luego podemos distribuir el enlace a nuestra lista de contactos correspondiente o tuitearla al instante.
A eso de las doce, podemos celebrar la reunión con todo nuestro equipo mediante videoconferencia vía internet. Ahí tenemos varias opciones tecnológicas, pero tal vez utilicemos una versión beta de una nueva aplicación corporativa que estemos ensayando. Eso no debe llevarnos más de media hora o cuarenta y cinco minutos a lo sumo si la agenda es demasiado densa. Después podemos dedicarnos un rato a ver qué sucede en Twitter empezando por los mensajes directos que hayamos recibido, las menciones que se haya hecho sobre nosotros o nuestra empresa, los
hashtag que hayamos seleccionado ese día, las listas de siguiendo que hayamos definido, etc. En base a esa información podremos acceder a conocimiento distribuido que de otra forma sería complejo siquiera conocer de su existencia y mucho menos saber que está disponible. Otros han hecho su selección y la han puesto a nuestra disposición y lo mismo hacemos cuando cazamos algún tema interesante. Aquí el quid pro quo es imprescindible y el ROI siempre favorable, porque son muchos los que buscan y ofrecen aunque a cambio haya que hacer lo mismo.
El resto de tiempo hasta la hora del almuerzo podemos dedicarlo a lo más importante pero no urgente, quizá la elaboración de un informe, recabar datos para un estudio, preparar un powerpoint para la reunión del jueves a la que te hubiera interesado asistir pero no puede ser, así que tendrás que hacer tu intervención vía Internet, etc.
La hora de la comida es sagrada, así que conviene dejar hibernando el portátil.
Al regreso, vuelta a realizar el barrido de información igual que hiciste por la mañana pero en menos tiempo. Es la hora de escribir los e-mails atrasados, volver sobre nuestros informes a medias, urgir a algún miembro de nuestro equipo de proyecto que va algo retrasado con la fecha de entrega, volver a hacer una ronda de llamadas por Skype y quizá tomar una nueva taza de café o una infusión con un par de galletas.
Hacia las seis de la tarde y cuando la concentración empieza a decaer, es cuestión de ir cerrando algunas ventanas y abrir otras. Ya vale de música, ya hemos hablado lo suficiente por teléfono vía Skype y los
googledocs ya no logran mantener nuestra concentración. Ahora es el momento de volver a echar un vistazo a los retweets y pensar un poco en nuestra próxima entrada del blog o contestar los comentarios que nuestros seguidores han dejado en él. Además de visitar los suyos, claro. Eso también lleva su tiempo y no paras de repetirte que más vale calidad que cantidad, pero es un precio que hay que pagar por aprender algo.
Cuando termines la jornada, puedes establecer la agenda para los días siguientes y apagar tu ordenador. Eso sí, aún es posible que recuerdes que se te ha olvidado mandar un último e-mail o anotar algo en tu agenda. Si por casualidad has apagado el portátil habrá que volver a conectarlo porque si no los remordimientos te impiden concentrarte en nada más. Claro que también puedes hacer eso a través de tu teléfono móvil.
Luego, hacer algo de vida familiar, cenar, ver la teleserie de turno y acostarte a una hora razonable.
Seguramente habrá sido un día increíblemente rico en productividad y relaciones sociales aunque no hayas visto a nadie en persona. 



 

Lanzarse.

Belleza en imagenes, simbolos sobre cristal.









No es mentira.

EL LOCO Y LA VENUS
  
¡Qué admirable día! El vasto parque desmaya ante la mirada abrasadora del Sol, como la juventud bajo el dominio del Amor.

El éxtasis universal de las cosas no se expresa por ruido ninguno; las mismas aguas están como dormidas. Harto diferente de las fiestas humanas, ésta es una orgía silenciosa.

Diríase que una luz siempre en aumento da a las cosas un centelleo cada vez mayor; que las flores excitadas arden en deseos de rivalizar con el azul del cielo por la energía de sus colores, y que el calor, haciendo visibles los perfumes, los levanta hacia el astro como humaredas.
 
Pero entre el goce universal he visto un ser afligido.

A los pies de una Venus colosal, uno de esos locos artificiales, uno de esos bufones voluntarios que se encargan de hacer reír a los reyes cuando el remordimiento o el hastío los obsesiona, emperejilado con un traje brillante y ridículo, con tocado de cuernos y cascabeles, acurrucado junto al pedestal, levanta los ojos arrasados en lágrimas hacia la inmortal diosa.
 
Y dicen sus ojos: Soy el último, el más solitario de los seres humanos, privado de amor y de amistad; soy inferior en mucho al animal más imperfecto. Hecho estoy, sin embargo, yo también, para comprender y sentir la inmortal belleza. ¡Ay! ¡Diosa! ¡Ten piedad de mi tristeza y de mi delirio!»

Pero no sé qué mira a lo lejos la implacable Venus con sus ojos de mármol. 



lunes, 2 de mayo de 2011

Remando al viento.

"He llegado a la aterradora conclusión de que yo soy el elemento decisivo. Es mi enfoque personal el que crea el clima. Es mi humor diario el que determina el estado del tiempo. Tengo un gran poder para hacer que mi vida sea triste o alegre..."

Goethe. [...*] 

 

(...)

La vida avanza inexorablemente como el agua de un río arrastrando al ser humano con su corriente. El hombre con su equilibrio ha de ser capaz de afrontar las circunstancias adversas que le salen al paso. La vida no es más o menos justa, más o menos injusta, mala o buena, podríamos decir que la vida tan solo ES.